Un campo compartido donde lo que pide ser visto
encuentra su lugar.
Una constelación familiar es un proceso terapéutico que permite hacer visible lo invisible: los patrones, lealtades y dinámicas que se transmiten de generación en generación dentro de un sistema familiar. No siempre sabemos conscientemente por qué repetimos ciertas historias, por qué ciertos vínculos duelen tanto, o por qué algo dentro de nosotros no termina de asentarse. Las constelaciones ofrecen una vía de acceso directa a esas capas más profundas.
En el formato grupal, el trabajo ocurre en un campo compartido. Una persona trae su tema —su consulta— y los demás integrantes del grupo actúan como representantes de los miembros de su sistema familiar: madre, padre, hijos, ancestros, o incluso aspectos internos como el amor, la enfermedad o la muerte. A través del cuerpo y la presencia, emergen movimientos, palabras e imágenes que revelan la verdad del sistema.
"Lo que no puede decirse en palabras, el cuerpo lo sabe. Las constelaciones crean el espacio para que eso que sabe el cuerpo, finalmente pueda moverse."
Lo que ocurre en una constelación grupal no puede planearse ni controlarse: se despliega. Y en ese despliegue, tanto quien consulta como quienes representan reciben algo. El campo trabaja a todos al mismo tiempo.
Cada jornada tiene dos maneras distintas de estar presente. Ambas son válidas, ambas transforman. Elige la que resuene contigo en este momento.
Traes un tema, una pregunta, algo que pide movimiento en tu sistema familiar. Puedes venir con una situación concreta o con una sensación que no terminas de nombrar. Durante tu constelación, eres quien ocupa el centro del campo: los demás participantes representan a los integrantes de tu sistema, y juntos hacemos visible lo que estaba oculto.
La sesión tiene una duración variable —según lo que el campo requiera— y va precedida y seguida por un espacio de integración.
Participas prestando tu cuerpo y presencia para representar elementos del sistema de quien consulta. No necesitas experiencia previa ni preparación especial: solo disposición para estar.
Llegas con tus propias intenciones —aquello que tú también quieres trabajar— y aunque no lo expongas frente al grupo, el campo lo recibe. Muchas veces, lo que ocurre en la representación habla directamente a tu propia historia.
Representar es también una forma poderosa y activa de sanar.
Tres horas de trabajo vivo, con pausas cuidadas entre cada proceso.
Trabajo sistémico en vivo. Cada consultante trae su tema y desplegamos la constelación con los representantes del grupo.
Entre cada constelación hay un momento para escribir, hacer preguntas, respirar y dejar que lo vivido se asiente.
Como complemento al cierre de cada proceso, abrimos un espacio con cartas de oráculo o tarot como herramienta de integración.
La jornada incluye agua, tecito y fruta liviana. Porque el cuerpo también necesita sostén cuando trabaja así.
Las constelaciones grupales se realizan en un espacio íntimo y cuidado, pensado para que el trabajo sistémico pueda ocurrir con profundidad y presencia.
Luis Pasteur 5728, Vitacura · Santiago
Nos encontramos una vez al mes, el último domingo de cada mes, de 10:00 a 13:00 hrs.
Cada jornada ocurre en un momento particular del cielo. No es casualidad — el campo también responde a la energía disponible en ese instante. Este es el clima astrológico del domingo 28 de junio.
El domingo 28 de junio el cielo nos ofrece una energía que resuena profundamente con el trabajo sistémico. El Sol está en Cáncer — el signo del hogar, de la madre, de la familia y de las raíces. Es la energía de lo que nos formó en el origen: los vínculos más tempranos, lo que se recibió sin palabras, lo que se heredó en el cuerpo antes de poder nombrarlo.
La Luna transita por Sagitario — signo de fuego, de búsqueda y de iluminación. Sagitario nos invita a encender una antorcha y mirar hacia adelante: a encontrar sentido en nuestra historia y a caminar hacia la vida desde un lugar más libre y consciente.
Y al día siguiente, esa Luna llega a su plenitud en Capricornio — el signo de la montaña, de la estructura y de la ascensión. Capricornio habla de lo que se construye con esfuerzo, de la autoexigencia que a veces heredamos sin haberla elegido, y también de la fortaleza que viene de saber quiénes somos y de dónde venimos. Subir la montaña no es huir: es ir hacia la vida con los pies en la tierra.
En esta jornada, el cielo nos acompaña a mirar nuestra familia de origen con ojos más amplios — y a encontrar en esa mirada un camino propio hacia adelante.
Los cupos son limitados y el campo ya está armándose. Si algo en ti se movió al leer esto, confía en eso.